La estaba esperando. Me había bebido dos copas de vino mientas miraba el reloj. Estaba un poco nerviosa. Siempre había escuchado de probar cosas nuevas para saber la realidad del cuerpo, la realidad de lo que somos, lo que nos gusta. Quería descubrir nuevas sensaciones, alimentar mi placer de maneras diferentes. Me había puesto una bata de seda, tipo kimono en un color blanco perla. Debajo llevaba un liguero blanco y mi conjunto de encaje de Victoria’s Secret. Las sabanas eran de seda blanca. Todo tenía que ser perfecto, mostrando inocencia y dulzura. Habían unos cojines con motivos florales rojos aterciopelados.

Mientras acababa de beber el último sorbo de mi tinto, apareció ella por la puerta. Era tan guapa como la recordaba. Jamás en mi vida una mujer me había encendido el fuero interno que llevaba dentro. Tenía el pelo mojado por la lluvia pero se dejaba deslumbrar sus bucles perfectos. Todo en ella la hacía perfecta. Sus labios rojo resaltaba en esa bella sonrisa con dientes perfectos. Mientras la observaba sólo pensaba en que sus labios se juntaran con los míos de color rosa chicle, he hiciéramos un nuevo color en la gama de cromática. Mi carmín rosa inocente, su carmín rojo apasionado. Colores perfectos para tal ocasión.

Se hacerlo sin decir nada, como si leyera mis pensamientos, sus labios húmedos se juntaron con los míos. Por fin me beso. Me entregó uno de esos besos sensuales por los que tanto había soñado. Dejé la copa en la mesita. Ella dejó el bolso en el suelo e inmediatamente se puso encima mía haciéndome que me tumbara mientras desabrochaba la lazada de mi bata. su mano comenzó a rozar mi piel, que se iba erizando tras el caminar de sus dedos, desde las piernas hasta detenerse en mi aureola. Cogió un aceite con un aroma a frutas del bosque y empezó a derramarlo por mi pecho. Primero delicadamente como si un masaje me estuviera haciendo. Me excitaba notar como mi piel caliente hacia contacto con el derrame del aceite frío. Todo era un conjunto de sensaciones. El olor, la delicadeza, el calor… todo se unía para relajarme y alterarme. Mis manos empezaron a tocar sus muslos. Deseosa de saber más sobre ella, deseosa de descubrir a que olía, que se sentía… En ese momento, me paró. “Es tú primera vez, disfrutarlo” me susurró al oído con su voz más tierna, dulce y apasionada que hasta ahora no había escuchado. Me deje llevar por sus palabras, sus besos por mi cuello y su mirada apasionada. Su lengua recorría todo mi cuerpo, bajando poco a poco.

Se detuvo en mi tanga blanco. Nos miramos. Mi mirada no paraba de gritar y mis piernas no podían abrirse más. Suavemente me beso por encima, mientras sus manos apretaban mi pecho. Sin invitación alguna, apartó la pequeña bragueta hacia un lado, y puso la punta de su lengua en mi tesoro más deseado, mi clítoris. “Joder” pensé- “ es cierto, si otra mujer te toca, te besa, no habrá hombre que lo supere”

La excitación era tan real, tan fuerte, que no quería dejar de mirar como lo hacía. Ella cada vez subía más el ritmo de su lengua, sus manos. Mi pecho estaba al descubierto apuntando al techo, mi mirada en su boca y mis manos enredándose en su pelo, medio obligándola a que no parara. A que me dejará disfrutar del placer de su boca. Deseaba darle mi orgasmo…

Por: The Red Road

(Imágenes: Pinterest, Instagram)