Son las 6 de la mañana, recojo mis cosas y abandono la suite desesperadamente y, lo más importante, sin hacer ruido. Salgo a la calle mientras recojo mi pelo en un moño veraniego. Noto esa lluvia de verano mojándome el vestido, me alivia y a su vez me despeja.Lo único que deseo es llegar al coche para sentirme segura y poder respirar tranquila.

Mientras conduzco pienso en todo lo que ha pasado en las últimas horas e intento recapitular. Todo comenzó con un “en media hora nos vemos en el hotel” y yo, que no suelo pensar demasiado las cosas, me puse el primer vestido que encuentro y me pongo en camino, nerviosa pero a la vez cachonda sólo de pensar en lo que iba a ocurrir.

LLegué al hotel y me dirigí al ascensor que había en el exterior. Olvido mirar las vistas y me miro en el espejo, para observar como mi pelo comienza a encresparse fruto del calor y la humedad, cuando las puertas se abren cruzo el pasillo con paso firme y me paro enfrente de la puerta, en la cual se lee ‘812’. Leo y releo ese número, esos 3 dígitos, mientras dudo en si entrar o no. “¿Hasta dónde estoy dispuesta a hacer locuras?” Y en una milésima de segundo, se abre la puerta y aparece él.

Me quedo rígida mirándole a los ojos pero, lo que para mí parecían horas, solo fueron un par de segundos, puse la mejor de mis sonrisas y entré decidida a la habitación 812.

Reconozco que ese momento fue algo vergonzoso para mi, ya que, en cuanto me hallé dentro, estuve en estado de shock varios minutos. Esa habitación, la ya famosa habitación 812 para mi, era la mejor que había visto en mi vida, no le faltaba detalle.

Me interrumpió ofreciéndome una copa, la cual rechacé educadamente.Se que el relato de hoy quedaría mucho mejor si os cuento que follamos mientras nos rociábamos en alcohol, pero no fue así.

Tras ese momento, nos miramos fijamente a los ojos, mientras yo notaba que la temperatura de mi cuerpo subía y, en cuestión de segundos, me encontré tumbada en la cama mientras él recorría mi cuerpo con su lengua. Comenzó con besos apasionados, para continuar por mis senos, seguir la forma de mi ombligo e introducir su cabeza en mi entrepierna. Notaba su caliente lengua y sus dedos dentro de mí, mientras no podía evitar gritar de placer. Sin dejar de tomarme, subió y me susurró “córrete para mí”, y en ese mismo momento le concedí el deseo, llegando a uno de mis orgasmos más placenteros.d60e64724a39c3c8baf1011472ac617a

 

 

En cuanto llegó mi turno disfruté como una niña con un chupa-chups (y nunca mejor dicho), escuchaba sus gemidos de placer, y eso hacía que me apeteciera más que saborear todo su cuerpo.

No sé en qué momento nos quedamos dormidos, pero había algo dentro de mi que me intranquilizaba. Me desperté de golpe y lo ví durmiendo, mi corazón latía a mil. Y fué en ese momento en el que me vi corriendo y huyendo de aquella habitación 812 sin decir adios.

 

Por: The Red Road

Fotos: el espectador y arturo goga