Cuando somos pequeños, hay ciertas anécdotas que recordamos a lo largo de nuestra vida. Algo así es lo que recuerdo cada día; al levantarme, escucho la voz de mi abuela diciendo “haz la cama y ponte unas braguitas limpias“, ¿la razón? Si en algún momento enfermaba y tenía que venir el doctor a casa, obviamente no podía ir de cualquier forma.

Con el paso de los años, eso de ir ‘arregladita‘ no solo se basaba en hacer la cama y cambiar de ropa interior, sino que a ese pack se sumaba el tan detestado vello púbico que, como no, también debía llevarlo arreglado porque “el médico no puede verte de cualquier manera”.

Hoy en día, y gracias a los consejos diarios de mi abuela, siempre llevo ropa interior limpia, al igual que mi pubis, y la cama hecha antes de salir de casa, no vaya a ser que venga ‘el médico‘.large (4)

El único doctor que visita mi cama, es ese que viene para hacerme un estudio a fondo, el que necesita muy poco tiempo para satisfacer mis necesidades y mis anhelos, y el que disfruta haciéndome disfrutar, no sufrir. 

Mi médico viene a casa, me saluda, bebe un vaso de agua y entra la botella a la habitación porque, no nos engañemos, ya sabe donde tiene que ir. Mi médico me tira a la cama y se abalanza sobre mi, me besa y lame de arriba a abajo, me sacude, me excita y me alegra la semana con ese placer compartido. Es el que me deja rozarle, besarle, acariciarle, y el que desea lo mismo que yo.

Mi médico descubre zonas de mi cuerpo que ni yo misma conozco. Es el que hace que mis piernas tiemblen con solo susurrarme al oído. Hace que tenga espasmos cuando su mano entra por mis braguitas. Hace que sienta escalofríos cuando sopla mis pezones. Y hace que arañe su espalda cuando me penetra con fuerza.

Mi médico solo necesita una cosa que estudiar: mi cuerpo. Su medio de pago es el que yo admito: su cuerpo. Sólo tenemos un contrato no firmado, pero que ambos conocemos y que jamás se declara. Esta es la fórmula de “sex 4 sex“.

Mi médico es único y exclusivo, y solo realiza “la visita del doctor” por cobardía a no afrontar la realidad y descubrir lo desconocido.

The Red Road

(Imágenes: weheartit.com)