En una casa donde vive tanta gente es, casi imposible, quedarse un día sola. Pero por fin llego mi día, justo el día que más lo necesitaba. Llevaba un estrés acumulado, ya sea por el trabajo, los estudios o cualquier interacción en mi vida personal. Necesitaba relajarme.

Tranquilamente me dispuse a llenar la bañera con agua casi hirviendo (algo que, desde que era pequeña no había tenido la oportunidad de realizar, pero creerme, necesitaba un largo baño con el mínimo lujo que pudiera tener a mano).

Lo prepare todo como si en ese baño no fuera a estar sola, no me falto detalle para mimarme lo más mínimo. Primero sumergí unas sales aromáticas que tenía para una ocasión especial, y porque no, estando soltera que mejor que disfrutarlas una misma. Encendí unas velas con aroma a vainilla, cogí mi iPod, me puse la lista de relajación del Spotify, los cascos y unode mis libros favoritos: Kamikazes por amor. Todo listo y preparado para unas horas de puro mimo, cogí mi cojín y me sumergí en ese baño que tanto deseaba. Eso si, estaba todo bien pensado, pues no faltaba detalle, incluso me puse una copita de vino al lado de mi cajetilla de cigarrillos.

Me metí dentro de la bañera y cuando ya llevaba un buen rato conseguí alcanzar ese momento de tal relajación que tanto deseaba. En ese momento, no se si fue gracias a esa copa de vino, si las velas aromáticas tenían algo que ver o cualquier elemento de ese placentero baño,  un escalofrío recorría mi piel y un pensamiento lujurioso aparecía por mi mente. Recordé a aquel chico que hacía años que no veía. Ese chico que toda mujer debería de conocer en algún momento de su vida. El que hace que tiemble todo el cuerpo como si de un móvil vibrando se tratara.

Me acaricié intentando recordar como lo hacia él. Intentando imaginar que lo tenía conmigo, en mi baño, que ahí no estaba sola. El bello que quedaba en la superficie del agua empezó a erizarse. Noté como los pezones acompañaban a la piel y se iban erizando lentamente. Mis caricias, por mi cuerpo desnudo y mojado iban cada vez a más allá. Mi cuerpo pedía más y yo quería dárselo, quería darle lo que él le dio un día, pasión junto amor. Lo recordaba, lo pensaba, parecía que el estuviera ahí, estaba en éxtasis y…

Entonces, desperté de aquel baño relajante, como si nada hubiera pasado… ¿o si?

The Red Road